domingo, octubre 12, 2008

Lo que me dejo el verano...

21/08/08
Bastantes cosas han pasado en este tiempo de ausencia. La verdad no sé por donde iniciar.
Pues ya les había dicho que me salió una chambita para el verano, lo cual me tuvo algo ocupada y muy cansada. También tuve mis 3 semanas libres y traté de sacarles el mejor provecho. Esta ocasión no viajamos a ningún sitio, no por falta de ganas, sino porque estamos ahorrando y no creímos que fuera momento para gastar. Así que nos aguantamos e iremos a Noruega para la navidad. Pero ello no detuvo a mis suegros para que vinieran a quedarse una semana acá. La cual estuvo divina, mucho, pero mucho sol. Fuimos a una playa, no sé cuál es el nombre, que está ubicada al límite de Ystad e inicio de Simrishamn
Viajamos por la carretera vieja que está cerca del mar, recorrimos los campos y sus casitas rojas, vimos vacas, caballos y borregos. Al llegar a la famosa playa, no lo podía creer, la arena era blanca y fina. Pesado fue caminar aún sin zapatos, a caso sería porque tenía años que no pisaba una playa (?). Cabe aclarar que acá no son playas tipo Acapulco, Puerto Vallarta, porque en primera la temperatura no es tan alta, hacen unos vientos de la rechiflada y casi no hay gente (sic!). Luna estaba impresionada por ver tanta agua junta, le entró miedito que no quiso bajar, al inicio, pero luego hasta su propio jacuzzi tuvo. Agarró confianza y ya andaba de un lado a otro chapoteando. En realidad ya se me había olvidado lo que se siente torear las olas, el sabor a agua salada, el roce de las algas sobre los pies y la arena mojada. La brisa que llegó como relampago, para advertirnos que ya era hora de salir porque pronto la marea subiría, y la diversión se iría con montones de arena en los zapatos, en las toallas, en la ropa, sobre el cabello y esa sensación del agua rompiendo sobre la espalda permanecería por un rato en el cuerpo.
También fuimos a Cophenague a pasar un rato. Cómo siempre entramos al Irish pub que está sobre la calle principal de la ciudad. Claro que pedimos lo de costumbre, Irishcoffe y guiness (yumms). Caminando por las calles aledañas encontramos un negocio de artesanías mexicanas. El sitio se llama Hecho en México; en ese momento lo atendía la esposa, una danesa súper buena onda, que me platicó por qué la tienda, el sueño de su esposo y lo que ella sentía por México.
Luna se enamoró de una silla roja que tenía pintadas unas sandias. Le llamó mucho la atención todo lo que había allí. Lamentablemente teníamos que seguir nuestro camino, pero con la certeza de que regresaríamos. Y bueno esto fue sólo un poco de lo que sucedió. :D
Besos, y gracias por los comentarios

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